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MARÍA LA DE FEMÉS
María
la de Femés
ahora por estar vieja
nadie recuerda quién fue.
Tenía los labios tintos
como las flores de pascua,
delgados como cuchillos.
Los ojos como dos higos
igual que dos higos tunos
con las pestañas de picos.
Las pupilas como cueva
como las cuevas guanches
como un secreto de piedra.
Los hombros de media luna
los pechos como dos Teides
y el vientre como una duna.
Tenía piernas y brazos
tan lisos y tan redondos
como los troncos del drago.
Altas las dos piernas, altas
para mecerse al aire
como las palmas canarias.
Era arisca como un cácto
y al hombre que la tocase
le sangrarían las manos.
Alguien, no sé quién, me dijo:
"Para llamar a los hombres
silbaba igual que los mirlos".
María la de Femés
ahora por estar vieja
nadie recuerda quién fue.
Tronco torcido de vid;
el tiempo calcó en su cuerpo
arrugas de Mal País.
Secas sus piernas, resecas,
lo mismo que a los camellos
se le volvieron de arena.
Hoy la crucé en el camino...
Flaco mástil; con el viento
silbaba igual que los mirlos.
Rafael Arozarena
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